Sostenibilidad de la Innovación Social, columna de Enrique Damm, 70WESTE, aliados PLADES


La innovación social se entiende como un conjunto de soluciones innovadoras a problemas sociales y ambientales que agrega valor a la sociedad. Las diversas

crisis que enfrentamos, sanitarias, ambientales, desigualdad social,

ciertamente gatillan estos procesos, donde instituciones e

individuos aplican, desde la creación, nuevos procesos o soluciones para

acortar o salvar brechas sociales, económicas y/o medioambientales.


Ser parte de este movimiento global es inspirador y desafiante, y desde la vereda del emprendimiento social, un camino que se hace al andar, con pocas seguridades y garantías. Una de las más claras es la sostenibilidad en el tiempo, en especial económica, para poder planificar a largo plazo, con la meta un escalamiento que permita impactar responsablemente a más personas.

La mayoría de la innovación social en Chile se hace desde organizaciones sin

fines de lucro; somos pocas, aunque cada vez más, las empresas privadas

dedicadas a esto, y, lograr una estabilidad financiera que permita seguir

operando, sin depender de fondos concursables, donaciones u otras formas de

financiamiento, es el santo grial. En ciclos críticos globales, la viabilidad

económica de estas organizaciones se contrae o incluso desvanece. Por ellos entendemos la innovación social como un camino para generar ingresos y

empleo al tiempo que solucionamos brechas que afectan nuestras

comunidades, en nuestro caso articulando comercialmente a familias de la

pequeña agricultura, y donde las alianzas con organizaciones como Corfo,

INDAP, Municipios, PLADES o Fundación AcercaRedes, han sido parte fundamental del modelo.

A lo anterior es necesario añadir nuevas capas que fortalezcan y pluralicen la

innovación social: cómo hacer visible la contribución de fundaciones,

corporaciones y ONG al PIB; cómo pavimentar el camino para que las MiPyMe

puedan recorrer este camino (sean o no B), mientras siguen siendo el “motor

de Chile”.


Ha llegado el momento de validar a las empresas sociales o "con propósito" dentro un marco legal que incluya incentivos significativos, como la “Ley de Empresas de Beneficio e Interés Colectivo (BIC)”. velando por que lo innovador o arriesgado no quede fuera de juego por ser incómodo o inseguro, sino que sea visto como una inversión talvez riesgosa, pero necesaria.

Fundación PLADES Frutillar

Av. Bernardo Philippi 753, Frutillar, Región de los Lagos

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