Ser parte de lo común y lo global, Leonor Merín, Directora Innovación & Contenido Fundación Mustakis


Entiendo de lo que se habla cuando se asegura de que todo está relacionado, pero no puedo evitar que me invada una sensación de anhelo cuando no vivimos desde esa lógica sistémica. ¿En qué minuto el ser humano se desconectó de los vínculos?


¿Sabían que en la cuenca del Llanquihue hay cerca de 40 iniciativas de educación al servicio de formar a nuestros ciudadanos creativos? -Sin sumar la titánica y admirable labor de nuestros establecimientos educacionales- ¿Qué pasaría si todas esas iniciativas público-privadas estuvieran interconectadas y sincronizadas?, ¿Cómo contribuiría eso a la construcción de nuestra ciudadanía?


En los tiempos que habitamos se hace más fuerte nuestro anhelo de lo común, lo conectado, lo local y lo global. Se hace más presente la comprensión sistémica de los territorios, es decir, analizar todas las partes que lo componen y que se interrelacionan, incluso, el poder reflexionar en torno al origen de las palabras, porque ellas y lo que decimos son una evolución de significados simbólicos que sientan precedentes, que construyen vínculos y que narran la realidad:


Común viene del latín commünis y del indoerupopeo ko-moin-i. El prefijo con- indica entero, completo, global; y a su vez se relaciona con la raíz kom que se relaciona con junto, cerca de-; y nos lleva al griego clásico κοινό, que, en definitiva, es común.


Común para mi es Frutillar, un espacio que nos permite acercarnos no solo a la comprensión de las palabras, sino que también participar activamente en la construcción de los significados, en una real colaboración, donde las alianzas son el vínculo, el vehículo que, en definitiva, nos permite Juntos Aprender lo Esencial.

Así, al pensar en la cuenca y el Frutillar, no tengo palabras para imaginarme el impacto que tendría una orquesta de iniciativas sincronizadas al servicio de convertirnos en un laboratorio de aprendizaje creativo territorial con y para el desarrollo integral de las personas que lo habitan, parafrasearé -con admiración- a Byung-Chul Han que afirma que “solo hace falta observar atentamente al SER para darse cuenta de que todas las cosas están entrelazadas, que hasta la más diminuta se comunica con una totalidad”, y esa totalidad es el Globo desde el Llanquihue.