Mínimo Común Denominador. Columna de Tomás Cortese, Director Ejecutivo Fundación Plades


La ciencia tiene claro que estamos programados por la evolución para dar por cierta la información que mejor calce con nuestras creencias y las del grupo que nos rodea. Eso podría ayudar a entender el fenómeno del reciente plebiscito donde tres comunas de nuestro país reflejaron una visión diametralmente opuesta al resto de los otros 343 municipios. El apoyo prácticamente cerrado a una opción u otra y con un calce geográfico tan nítido pareciera demostrar que, cuando hay un nivel de segregación que se expresa en experiencias muy distintas, cada grupo estará inevitablemente atraído por cualquier dato que reafirme su particular experiencia y punto de vista, sin importar que dichos datos sean ciertos, dudosos o derechamente falsos.

Desde un punto de vista urbano, es notorio como estos resultados ofrecen una radiografía de la segregación socioeconómica. ¿Qué sucede en las ciudades más pequeñas? Éstas presentan sin duda divisiones socioeconómicas (a veces hasta con escala geográfica como es el caso de Frutillar). Sin embargo, en este tipo de ciudades hay algo que opera de un modo distinto y que contribuye a una mayor integración: su escala reducida hace que la ciudad y sus servicios operen como un “mínimo común denominador” transversal para todos los habitantes. En efecto, el desplazamiento rápido entre barrios, las opciones de comercio y espacio público reducidas significa que aumentan las posibilidades de encontrarse con realidades diferentes en la vida cotidiana. En concreto, en una ciudad pequeña todos compran en los mismos supermercados, van al mismo correo y hacen cola en el mismo banco. Esto fomenta en la práctica relaciones más humanas y fundadas en una capacidad de empatía que surge de compartir funcionalmente un mismo territorio.

Estamos ad-portas de iniciar un inédito proceso participativo para definir nuevo set de reglas que regularán la democracia, quizás, por los próximos 40 años. Lo que toca ahora no es “ganar” un referendo sino negociar y encontrar un terreno compartido, un “mínimo común denominador” válido para las 346 comunas de Chile y con el potencial de catapultar Chile al desarrollo. Como sociedad nos vendría bien aprender de las ciudades pequeñas, donde lo que le sucede al vecino tiene el potencial de impactar -de verdad- a toda la comunidad.

Fundación PLADES Frutillar

Av. Bernardo Philippi 753, Frutillar, Región de los Lagos

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