Cultura: agente de desarrollo sostenible. Columna de José Feuereisen, Fundación PLADES


En octubre de 2017 Frutillar fue la primera ciudad chilena en ser nominada miembro de la Red de Ciudades Creativas de UNESCO, territorios que se comprometen con la cultura, el patrimonio y las industrias creativas locales para promover el desarrollo sostenible.


¿Qué significa comprometer una agenda con esa meta? Es una pregunta que hemos estado rumiando estos cuatro años y, tras aciertos y desaciertos, dado con aprendizajes que dicen algo así: todos los territorios cuentan con atributos que constituyen su patrimonio material e inmaterial. Éste forja una identidad local única, a veces homogénea y estática -verdaderas fotos aparentemente detenidas en el tiempo, y en otros lugares diversa y dinámica, auténticos hervideros culturales. Ninguna mejor que la otra, son todas únicas y susceptibles de enorme valoración. La suma de estas identidades es lo que va construyendo en infinitos píxeles nuestra más profunda identidad nacional. De estos espacios identitarios devienen oportunidades de desarrollo local insospechadas.


Junto con ello, Naciones Unidas ha acordado una batería de 17 desafíos concretos: los Objetivos de Desarrollo Sostenible. ¿Es posible, desde los atributos culturales locales, mejorar educación, economía, cohesión social o la salud de los habitantes de un territorio? En Frutillar creemos y hemos sido testigos que el aporte es invaluable. Por ejemplo, el “PTI Lago Llanquihue, Destino Creativo” que propone experiencias turísticas basadas en los saberes de creadores locales, o el programa “Aprendizaje Creativo” donde el trabajo colaborativo entre artistas y docentes resulta en interesantes innovaciones pedagógicas. Esto es una muestra de más de setenta iniciativas desarrolladas en el marco de esta agenda, donde destaca la voluntad de colaboración entre diversos actores, gatillando redes de trabajo conjunto como la Corporación Cultural de Frutillar o la Red Nacional de Territorios Creativos.


Con todo, la tarea no está del todo hecha. Frutillar es una pequeña ciudad del sur del Chile, del sur del mundo, con un patrimonio que la hace única, al igual que cualquier ciudad o territorio. Amarrar esa identidad es lo que debemos consolidar para así realmente aportar como laboratorio de desarrollo sostenible a Chile. El camino está señalado, hay ahora que recorrerlo.