Cuenca, convergencia y colaboración. Columna de Opinión de Tomás Cortese


Habitamos una importante cuenca hidrográfica. Más allá de distinciones territoriales y/o administrativas, las cuencas presentan divisiones funcionales coherentes, que hacen sentido desde muchos puntos de vista tanto técnicos como medioambientales, económicos y culturales.


Hace muchos años el lago Llanquihue cumplió un rol estratégico en la colonización al actuar como “hub” natural para el embarque y transporte de bienes y personas. Hoy cumple un papel central en las aspiraciones de promover este como un destino turístico de excelencia. En los últimos años hemos visto (y celebrado!) cómo se organizan esfuerzos en torno al lago. El 2013 se formó una asociación de municipios del lago Llanquihue, la que aún tiene grandes desafíos de coordinación por delante. En tanto vemos el surgimiento de Iniciativas como la “Zona de Interés Turístico del Llanquihue” (ZOIT), en la que diversos actores del territorio han acordado trabajar en conjunto para impulsar y proteger la actividad turística sustentable en la zona. Este tipo de esfuerzos se contrastan con la necesidad urgente de resolver problemas de saneamiento de aguas servidas y el imperativo de organismos públicos por extender una planeación integral del territorio que comprenda la actividad agrícola, responsable relevante de la contaminación de cursos de agua y por ende del lago. En otro plano vemos la concreción de dos obras públicas de envergadura, los recién inaugurados bordes costeros de Los Bajos (en Frutillar) y Llanquihue, proyectos que combinados suman más de 5 mil millones de pesos en inversión y forman parte de un ambicioso plan de infraestructura lacustre impulsado por el MOP, sin duda un notable trabajo coordinado y de largo aliento, transversal a administraciones nacionales y locales.

Nuestro lago es un ecosistema particular en el que sus aguas no se explican por un gran afluente sino por el aporte combinado de muchos cursos hídricos pequeños combinados, los que inevitablemente reflejan en sus niveles de polución lo mejor y peor del territorio, ciudades y comunidades circundantes. En este sentido es que se podría decir que habitamos un lago con una impronta colaborativa por excelencia, donde tanto su existencia como su preservación depende de muchos. Nuestra cuenca permite una metáfora literal de colaboración que nos invita trabajar con una mirada integral y sistémica.


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Fuente: Diario El Llanquihue

Fundación PLADES Frutillar

Av. Bernardo Philippi 753, Frutillar, Región de los Lagos

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